viernes, 4 de mayo de 2012

Filosofía Intercultural


La Filosofía Intercultural como proceso histórico
Una visión hermenéutica desde la Philosophia andina

 RESUMEN: El objetivo de esta ponencia es plantear la necesidad de una investigación hermenéutica, epistemológica y lingüística del  valor categorial de la filosofía intercultural en sociedades integradas por el desarrollo de sus culturas en nuevas condiciones socio-históricas de interculturalidad, en esta época poscolonial y tecnocrática. Se expone el caso cultural de la sociedad andina y peruana en el enfoque multidisciplinario. El filosofar intercultural es un hecho y una necesidad, es un proceso histórico, y un fenómeno de transición cultural por la que han atravesado las diversas sociedades habidas en la historia, tales como la fenicia, Persia, Grecia, Roma, y las actuales como Europa, India, África, EE. UU., las comunidades asiáticas, las comunidades andinas, las australianas, etc.

Introducción. La existencia de una Philosophia intercultural en el mundo es una cuestión no resuelta aún, y que requiere su redefinición; ante ello, replanteamos que un filosofar tal, surgido como resultado de un proceso histórico intercultural, data desde tiempos anteriores al Tawantinsuyu (donde ha habido una sucesión de culturas, una integración de las mismas; pues aquella no se reduce a un sentido cosmogónico, sino que reaparece en una Philosophia andina vigente en la praxis cotidiana del hombre andino); que existe como substrato de toda sociedad monocultural o multicultural, y en el subconsciente de toda comunidad regional o central; nuestra tesis es adversa al estudio de Estermann, y de otros que están reconceptualizando lo intercultural (como lo andino, que es una alternativa para quienes niegan la posibilidad de aquella, en sentido originario, en América).
1.  Filosofía del sujeto y la lógica destructiva de Occidente

El individuo moderno cuando tuvo conciencia de sí, trató de comprender su individualidad, su comunidad o sociedad, como sujeto objetualizador, en medio de una cultura que propugnaba la independencia y el dominio. Al surgir el pensamiento moderno aparece una refinada manera de plantearse el ser individual. Con Descartes, el individuo puede cuestionar y cuestionarse con cierta perspicacia, poniendo en cuestión el asentimiento de la autoridad y del vago sentido común, y de la sana razón. Es una primera escisión de lo humano en la modernidad; el cogito refiere y aporta un reduccionismo de las facetas del hombre calculador, objetual, conceptista, un ser con “razones”, un ser más allá de los sentimientos y de las pasiones (metafísico, burgués), configuró una sublimación “espiritual” (individualismo) que se debate en su propia instrumentalización y ocaso.

Kant ya hacía precisiones sobre tal cuestión de un modo sintético en su filosofía de la conciencia, así: La identidad de la conciencia de mi mismo en distintos tiempos no es, pues, más que una condición formal de mis pensamientos y de su cohesión... Por ello debemos, en cualquier caso, juzgar necesariamente que somos los mismos en todo tiempo del que poseemos conciencia (Kant 1994: 341-342; Guillén 2002, y 2003: 73-87). Kant supone la conexión de los datos de la conciencia (en la memoria) por el pensamiento, para preservar la identidad en todo tiempo. Hume lo examinó en una reflexión (el Tratado: tomo I, parte IV, sec. V) sobre la identidad personal como aquella que no la pierde el sujeto al variar su carácter y disposición, al igual que sus impresiones e ideas; lo hizo basado en los principios de semejanza (de unidad, diferencia, igualdad), continuidad y causalidad, propios de Occidente. Kant replanteó la cuestión en el principio de la persona como fin en sí mismo (autotelia, autodeterminación); Hegel la ontologizó; Heidegger, Sartre, y Ortega y Gasset la refirieron a la existencia humana y vital del yo; Lyotard, Habermas y Apel la circunscriben en la “comunicación argumentativa”. Hay una lógica homogeneizadora, esquemática y egocéntrica.  Por ello, lo que hoy está en crisis es también ese ideal de la “modernidad” del hombre como “fin en sí mismo”, abandonado al imperio de la razón, que ha dado las espaldas a Dios: al poder de su palabra, a su voluntad y al sentido y significado del Verbo o del Lógos. La cuestión no es meramente política, económica (Marx), sociológica (Weber) o axiológica (Nietzsche); es un problema profundamente humano, y espiritual. Se trata de una lógica destructiva de la sociedad de consumo o tecnocrática. Para algunos, es una crisis humana en tanto quiebra o desconexión de las “relaciones esenciales de sujetos”, consigo mismos, con los demás y con Dios; sin embargo, la crisis hunde sus raíces más profundas en una crisis espiritual de la humanidad, desde los comienzos del medioevo, agudizándose en la llamada “modernidad”, en el  modus operandi de Occidente. La política neoliberal permeabiliza la globalización cultural con la económica. Desde los años 60 del siglo XX es reiterativo este diagnóstico, y la crisis hunde sus raíces en el plano moral, religioso y en las costumbres.

2. Filosofía interactiva y lógica constructiva de lo andino
Hoy el mundo andino se enfrenta a una nueva realidad en la sociedad postindustrial del mundo occidental, en la época de la “modernidad” y del “discurso”. El ser andino refiere la alteridad (diferencia, diversidad, autenticidad), simetría (reciprocidad) y la no-arbitrariedad (complementariedad), principios de la racionalidad andina de una sociedad en medio de un proceso intercultural, es decir, estamos en una época de transición, que busca integrar sus culturas con una lógica constructiva, que requiere ser examinada categorialmente. Este fenómeno de interculturalidad tiene sus raíces, su fuente, su contextualidad y su horizonte, para su posibilidad y realidad, en la mecánica y la dialéctica de nuestra historia colectiva, y ha definido el carácter de nuestras comunidades y naciones de América de Sur, elevándolo a la reflexión filosófica en sus idiomas originarios; nuestra historia está transida por ello (Caral, Chavin, Wari, etc).

Los andinos fueron prácticos con un criterio sui generis de las cosas, talento heredado de los inkas, supieron subsistir (resistir a la dominación y a la enajenación venida de occidente). Aunque no guste a los costeños o “mestizos” (que son excluyentes e individualistas), la categoría andino es útil y tiene objetividad, pues expresa la nueva realidad y la nueva manera de vivir y de ver el mundo; así nos conoce todo el mundo ahora. Hay que considerar que el subjetivismo sociológico (“criollos” y “mestizos puros” habían creado una segunda dominación, con sus añoranzas anacrónicas), no resuelve aún muchos de los conflictos republicanos y menos aún el carácter de nuestro ser cultural. En realidad lo que nos cohesiona es la historia vivida y ancestral, la forma en que  se relacionaban nuestras culturas ancestrales con sociedades de otros continentes, y cómo interactúan nuestras culturas hoy en un marco de horizonte geopolítico diverso. Se asume como una condición de posibilidad para su desarrollo (Basadre: Perú: problema y posibilidad).
En tanto proceso cultural, del mismo modo que cualquier valor metafísico o histórico, el fenómeno de la interculturalidad en América, supone la asimilación y confluencia de factores autóctonos y ciertas tradiciones, y no la simple “emoción por lo indígena y sus valores vitales” (Wagner de Reina) de una existencia inauténtica e imitativa (Salazar), y menos una simple “simbiosis de formas” que incorpore “elementos indígenas” en la formación de una “identidad nacional”, para su “arraigo y consolidación” (M-Q. Cantuarias, M-L. Rivara), sino que las aspiraciones colectivas se plasman en la construcción de un proyecto histórico de integración andina, considerando todos los factores concomitantes. El subjetivismo sociológico (criollismo, mestizaje, indianismo) tiene que replantear sus esquemas de explicación, interpretación y análisis, en la objetividad científica o filosófica. El pensamiento filosófico andino tiene el desafío de contrastar con las ideas del “pensamiento occidental” (europeo o americano) y con las ideas del mito enmascarador de lo “latinoamericano”, para develar por contraste su verdad, en el contexto multicultural del mundo andino. Está en cuestión la “identidad latinoamericana”, por su origen contrafáctico y producto de una cultura de la dominación, en la ideología y construcción de un mito enmascarador desde los tiempos de la emancipación, como la ideología de la emancipación (Mariátegui en 1924, desenmascaró el pasadismo y lo nacional), ajena a nuestra verdadera realidad multicultural, multilingüe e intercultural. Mariátegui pensó un nuevo ideal, basándose en una nueva perspectiva para los andinos, desde la época de González Prada, y de manera sistemática con Salazar Bondy, A.), en esta parte de América donde ya no se habla “latín”. En esta época de globalización la estructura económica, social, política e ideológica de la “sociedad peruana” está en crisis, pues el nuevo horizonte cultural recreado del mundo andino lo refuta, lo interpela, en  la nueva realidad histórica y geopolítica; y es contraria al mito enmascarador de la “Unión Latina”, y el plan hegemónico de la “Comunidad Sudamericana de Naciones”. A pesar de que han surgido movimientos sin norte, sin una posición definida (solapados y oportunistas como los etno-nacionalistas), mafiosos y corruptos (donde se lucran con el poder), involucrados al narcoterrorismo, o a la xenofobia (los nacional-elitistas conservadores de derecha), se cree que ser “independiente” es solución a cuestiones decisivas, a causa de la retórica y el pragmatismo politiquero que se aprovecha de la confusión e inmadurez de la conciencia ciudadana. La credibilidad de los gobiernos está en un proceso de transición en Sudamérica. En el mundo andino, es necesario valorar nuestras fuerzas, ideas colectivas, sentimientos y voluntades. En sentido vallejiano o como Arguedas: humano, solidario, andino, integrador, creativo, de posibilidades y esperanzas. La vida cotidiana, la memoria colectiva y la inventiva creadora de los pueblos peruanos, permitirá comprender hoy la posibilidad de la Comunidad Andina de Naciones, para reedificar y reconocer el lugar histórico del pensamiento y de la Philosophia andina, pero no desde una óptica esquemática occidentalizante.
3. Los discursos eurocéntricos posmodernistas
La mirada lógica del eurocéntrico no ha conocido la historia del pensar filosófico andino, no la ha referido a sus raíces, a su lengua autóctona, como así lo hicieron los griegos que no hicieron suyo la lengua de los babilonios, medo-persas, romanos y, lo mismo sucedió con los alemanes que no sucumbieron al latín y al francés, en aquellas épocas de globalización históricas. La semántica y la lógica occidentalizante no han investigado las posibilidades de la interacción de estas culturas en América El hecho de que no se concretice un proyecto posible o que quede “inconcluso”, no es porque sus bases sean nostálgicas, utópicas o “modernas” (consensuales), ante la crisis actual. Es el caso del “proyecto moderno” de aquella época del racionalismo “ilustrado”, y que con el “discurso de la modernidad” quiere retomarlo, en el marco teórico de la “argumentación” (Apel-Habermas), con el “consenso de la racionalidad occidental”, no porque sea de masas sino porque impera la crisis en esta época de la “globalización”. Ante lo cual las sociedades han respondido organizándose en bloques de poder económico y político (v.g. “comunidad europea”, “comunidad asiática”, “estados americanos”, “comunidades andinas”, etc.), es decir, en fenómenos transnacionales.
Sabemos que desde 1980 se ventiló el pensamiento postmetafísico, como que también se planteó la ideología “fin de la historia o de las ideologías”. (Ilusión y novedad de F. Fukuyama, entre 1989-1992). Precede, pues, a la consolidación de los Estados actuales, las filosofías de los siglos XVIII, XIX y los últimos “discursos” del siglo XX o la tendencia predominante de la democracia neoliberal, el que tiene su antecedente en Hegel, desde la época del triunfo de Napoleón y el emplazamiento de los Estados modernos. Descartes los precede en el pensar, Maquiavelo en la política, Bacon en la ciencia, Hegel en la filosofía de la historia, y no hace mucho Lyotard-Habermas en el meta-discurso sobre “modernidad-postmodernidad” y “argumento-consenso”, y United States en política internacional (en decisiones hegemónicas y tecnológicas) con la globalización. En Norteamérica el “ciudadano” es un “cibernáuta” del mundo virtual, cosmopolita y occidentalizado, enmascarado por el movimiento cultural de justificación poscolonial llamado “Unión Latina”.
Esta sociedad ha permitido cierta forma de moral pragmática acentuando la crisis (Guillén: “Moral de consumidores”, en Aletheia, 1996: 33-40), frente a “lo nacional” homogeneizador occidentalizante. La “crisis de valores” es crisis de la sociedad antropocéntrica, y crisis de los esquemas occidentales. La racionalidad de medios arrastra consigo una crisis de la sociedad poscolonial occidental en proceso de globalización neoliberal, instrumental, y tecnocrática: una lógica homogeneizadora, lo que ahora está exigiendo la Unión Europea. En los Andes se vive un proceso histórico, económico, social, cultural y artístico, diferente a lo acontecido en Europa, Asia, África, etc. Es un proceso encuadrado y configurado en los cauces de la dependencia, el subdesarrollo y el crecimiento sostenido. Es causa de todo lo ocurrido cierta razón instrumentalizadora que se plasma en el poder de subsunción del neoliberalismo sobre nuestras economías que, con tanta implementación, nuestros países o comunidades han devenido en la dependencia poscolonial. El desarrollo sociocultural como una búsqueda, en la historia, han sido una cuestión permanente y capital, posiblemente desde los orígenes de nuestra república.

En la América, el pensar y el actuar va con la idea de un “Alma Matinal” de un hombre nuevo o la “República Andina”, pues todos tienen la idea del pachawaray, y todos hacen referencia a su intipaqarina, para identificarse, para congraciarse con la Pachamama. Son famosas las “piedras” del Tawantinsuyu o de Machu Picchu, en la Hatun Pachamama, que albergó a Vallejo, Mariátegui, Arguedas, Martín Adán, Darío, Neruda, Huidobro, Octavio Paz, García Márquez, y otros que respondieron al desafío de revelar una América Nueva. Y en esa perspectiva prefigura y confluye la afirmación de la realidad intercultural como potencial estratégico de esperanzas, y una efectividad de ideas colectivas. ¿Cuál el pensar emplazado? Identidad y diferencia en la unidad y para la integración: Hukllanakuy. Con ello se reflexiona la conciencia de la identidad de lo andino en el horizonte cultural, y se expresa el sentimiento con lucidez y autenticidad, en un proyecto colectivo de acción; pues, los andinos “no deben temer soñar e imaginar, pues no es en el soñar que radica su debilidad, sino en el no haber sabido o querido soñar con autonomía y libertad (...), se trata de que el hombre americano cree, invente sus propias utopías, que se plantee sus propios ideales, a partir de las circunstancias que determinan su condición actual (...). Ese nuevo proyecto de vida es lo que queda ahora por desarrollar”, pensó Juan Abugattás. Tales perspectivas filosóficas en nuestra América pueden ser construidas en las mismas categorías integradoras del Runasimi, capaces de incorporar términos modernos en las estructuras aglutinantes del Kichwa, del aymara, etc. Vallejo, Arguedas, Alegría y otros plasmaron y anunciaron la nueva sensibilidad  y abrieron un panorama de alternativas para el pensar y la praxis; Mariátegui y A. Salazar Bondy cuestionaron la falta de autenticidad de nuestro filosofar, y V. A. Belaunde buscó una filosofía constructiva e integral. Arturo Andrés Roig ha reiterado la inversión de la filosofía de la historia en un nuevo mito, y Edgar Montiel propuso la subversión creadora de la filosofía, pero en la vía de la racionalidad occidental.
4. La interculturalidad entre las comunidades de América
En el fondo de la conciencia de los andinos subyace una lógica categorial, en las estructuras semánticas de los idiomas originarios. He ahí, pues, las Comunidades de América, un encuentro de identidades heterogéneas, de objetivos concordantes y afinidad en sentimientos colectivos. ¿Acaso un pensar unificante de los actos colectivos en la América del Sur? ¿Acaso el despertar de una opción relegada? Hace poco, alguien pensó que “Latinoamérica” era “el reto de las redefiniciones”, para una revolución cultural, ante la “globalización”. Cabe resaltar el proceso sociocultural que se viene desarrollando en las Guayanas (priman las culturas de los descendientes de los emigrantes europeos y asiáticos), en Bolivia, Ecuador (solo el 5% de la población habla idiomas nativos), Colombia (hay 65 lenguas indígenas), Venezuela (30 idiomas indígenas), Brasil (hay 180 lenguas indígenas), Paraguay, Uruguay (en su actual territorio vivieron los pámpidos como los charrúas, chanás, arachanes, tapés etc. que entre los siglos XV y XVIII sufrieron un gran influjo lingüístico desde el idioma guaraní), y Argentina (hay sectores donde se habla quechua, guaraní, portugués y otras  lenguas nativas); el 75% de los paraguayos habla su idioma nativo (el guaraní): hay un nacionalismo fuerte como en Bolivia (con 37 idiomas oficiales); Todas estas naciones y culturas quieren tener un reencuentro con su historia recreada, transformada; y la interculturalidad ha jugado un papel importante y vital, pero todavía no han cuajado como crisol cultural, como quería Vasconcelos; solo hay un mestizaje disidente donde prima el castellano y el inglés.

Las culturas andinas proyectan como alternativa la racionalidad andina de fines en el horizonte intercultural del «otro» y en la diversidad de nuestra sociedad a través de la historia. Si la interculturalidad es entendida como proceso de modernización y integración de las culturas, de los códigos culturales, y por tanto, de las identidades culturales y nacionalidades, en diferentes continentes o países, habría una apertura a la universalidad de la diferencia, de lo heterogéneo, de la otreidad, y una legítima existencia de lo individual en la universalidad, habría un reconocimiento por el modo de pensar, vivir, sentir, existir, y toda cultura tendría una razón de ser en el tiempo.
Para una filosofía andina tenemos conceptos originales que deberían ser repensados y replanteados, desde la interculturalidad, como perspectivas para el análisis; términos como Pacha, Kay, Chay, Yachay, Pachayachay, Kikinkay (ser uno mismo), Inka (Hijo de Dios, “ser-ahí”), etc. Desde la perspectiva lingüista, tanto Pa como cha, ta y la “k” final de un término (para determinar sustantivos, adjetivos), la “y” como la “i” de origen latino, requieren ser examinados, categorial y hermenéuticamente, y desde una etimología y una pragmática comparada, para una mayor riqueza cultural lingüística. El hombre andino está reconstruyendo las formas de pensar que articulen los más valiosos y variados patrimonios lingüísticos, métodos, ciencia y tecnologías, las perspectivas más genuinas del sentimiento y el pensamiento colectivos, en su diversidad multiétnica, multilingüe, multicultural e intercultural. Para los andinos la identidad (Kikinchay) es recreada (con el imaginario y la memoria colectiva de todas las sangres), redescubierta, reconstruida en proyectos y perspectivas, en la praxis cotidiana, en el pensar (yuyaychay), en la artesanía y por el arte. En virtud de la artesanía, la literatura oral y escrita; en virtud de las lenguas Kechwa, aymara, y los dialectos amazónicos; de los hallazgos arqueológicos, etnológicos y antropológicos. Los andinos unidos por el espacio agreste de los Andes y por el imaginario e inventiva de los andinos solidarios, con promesas y utopías, críticos y consecuentes, apuestan en la posibilidad de una identidad cultural genuina, por una historia vital, por un arte y un pensamiento filosófico auténtico. ¿Acaso pensaron y creyeron en una América Andina? ¿O tal vez en una sociedad andina? ¿Partieron, acaso de un hecho o problema no resuelto? Sí; los andinos en toda la historia y la cultura han sido creativos hasta en los idiomas; de allí que hay una riqueza tan diversa en sus fonemas y morfemas. Son conocidos los modos de vida, y sus formas de pensar. Hatun llaktata yuyarispa, hatun yachaqkunaq qespichinakunaywanchispaq; Amautakunaq yuyaychaskanpi, huk musuq Pacha kausarinanpaq (“Recordando la grande patria, para que nuestros grandes sabios nos guíen; en la reflexión de los grandes pensadores, para que un mundo nuevo renazca”). El proceso intercultural para nuestra América requiere el efecto de políticas culturales de integración y regionalización coherentes, que armonicen los ideales y las utopías, y “añoranzas latinoamericanistas”, ante la conciencia de andinos y occidentales. Una experiencia la sustenta, un rico y profundo pensamiento (yuyaychai) lo trasluce, un saber y un ideal auténtico (yuyaychay) en el espíritu de los andinos, Hatun kapaq Apuq wawankuna (“Hijos del Dios grande y poderoso”) los mueve y los guía, yayaychaspa qespichinakunkaku huk Pachayachaykuwan (“repensando se liberarán con una filosofía propia y auténtica”, de los esquemas occidentalizantes).
La vida intercultural, lingüística, filosófica, en la perspectiva andina integradora está abierta, para posibilitar la revolución cultural, social, económica que todos anhelamos, con alternativas creativas. En el mundo andino: sé lo que eres en tu ser  (en Kichwa: kikinkay chayniykipi) - nos ha dicho José A. Russo Delgado-, y trata de comprender tu praxis, tus sentimientos colectivos y la posibilidad de tu ser en la realización de tu identidad cultural en una sociedad integrada, autodescubierta en la praxis, reinterpretando tu cosmovisión, y tu filosofía ancestral precolombina (Pachayachay o Philosophia ha conservado en su semántica a una Philosophia de la realización humana en el término kikinkay: “sé tú mismo”, “sé el ente en cuanto ente en tu ser, como el Ser”, inkariy: “sé como el Inka”, “vive como el Ser”, “sé como el Hijo de Dios”, “sed en cuanto Ser”). Ello es posible de ser visualizado en nuestras propuestas culturales, en sueños y en utopías, en ideales y mitos nuevos, que revelen nuestra verdad, desde nuestras raíces interculturales.

Lima, 21 agosto de 2013